El mandatario estadounidense condiciona su visita histórica al país asiático a la formalización del pacto que busca detener la escalada militar en Oriente Medio
En un giro diplomático de alto impacto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó su disposición de viajar a Pakistán bajo una condición específica: que el país sea la sede oficial para la firma de un acuerdo de paz definitivo con Irán. Esta declaración surge en un momento crítico, apenas un día después de que Teherán amenazara con cerrar el Estrecho de Ormuz ante el bloqueo naval estadounidense. Pakistán, que mantiene relaciones estratégicas tanto con Washington como con Teherán, ha emergido como el mediador clave para desactivar lo que muchos analistas consideran el preludio de una guerra regional.
El gobierno de Pakistán ha trabajado intensamente en las últimas semanas para facilitar canales de comunicación entre ambas potencias. Según fuentes diplomáticas, el posible acuerdo incluiría el levantamiento gradual de las sanciones económicas a cambio de garantías verificables de que Irán no interferirá en las rutas comerciales marítimas y detendrá su programa de enriquecimiento de uranio. Trump señaló que su presencia en Islamabad no solo serviría para ratificar el pacto, sino para consolidar una nueva era de relaciones con Pakistán, enfocada en la seguridad regional y la cooperación antiterrorista.
A pesar del optimismo en ciertos sectores, la Casa Blanca enfatizó que la visita solo ocurrirá si se logran “términos de hierro” que garanticen la seguridad de Estados Unidos y sus aliados en la zona. Por su parte, el gobierno iraní no ha confirmado oficialmente si aceptará la mediación paquistaní bajo estas condiciones, aunque la presión internacional y la crisis económica interna podrían forzar una salida negociada. Si el viaje se concreta, sería la primera vez en décadas que un presidente estadounidense visita la región para sellar un compromiso de paz de tal magnitud, redefiniendo el equilibrio de poder en el sur de Asia y el Golfo Pérsico.
