Por segundo día consecutivo, la marcha de la Generación Z quedó varada en el Centro Histórico: alrededor de 200 manifestantes, en su mayoría padres y jubilados que sustituyeron a sus hijos, fueron frenados entre Palma y 5 de Mayo por un cordón policial. El subsecretario Juan José García explicó que aún faltan seis horas para desmontar aviones, grúas y gradas del desfile revolucionario, dejando el grito “¡Déjenos pasar!” resonando sin respuesta.
Antes, la movilización había sido retenida dos horas en Reforma, frente a la Glorieta de Colón. Los inconformes, que exigen abasto de medicamentos y seguridad, aceptaron esperar “una distancia prudente” tras negociar con autoridades. “No traemos encapuchados; es pacífica”, aclaró Guillermo, uno de los organizadores, subrayando que hoy no hay bloque negro, solo familias hartas de la “miseria” que va de Tijuana a Quintana Roo.
“Si nuestros hijos no pueden venir por trabajo o escuela, venimos sus padres; llevamos 30 años invirtiendo en su futuro para que tengan país”, declaró Teresa Po entre consignas. Mientras la utilería del desfile sale por 20 de Noviembre, cientos de voces adultas reclaman lo que la Generación Z no pudo gritar hoy: un México con medicinas, seguridad y dignidad.
