Por:Argonauta
Es enternecedor, casi digno de una telenovela de las tres de la tarde, ver los rostros de la oposición desbordando una “preocupación ciudadana” que raya en el misticismo. Ahora resulta que las quintetas de la JUCOPO para el INE son el apocalipsis de la autonomía. Se rasgan las vestiduras, claman al cielo y denuncian el fin de las instituciones porque —¡oh, sorpresa!— hay perfiles cercanos al poder. ¿En serio? ¿Ahora no les gusta el juego? Lo que hoy llaman “captura”, durante décadas lo llamaron “gobernabilidad”. Lo que hoy denuncian como “atentado”, antes lo presumían como “consenso”. Es la clásica rabieta de quien inventó las reglas, las usó para servirse con la cuchara grande y ahora, que perdió el control del comedor, exige que todos nos pongamos a dieta.
Hagamos un pequeño ejercicio de memoria, ese músculo que la oposición parece tener tan atrofiado como su capital político. ¿Dónde estaban estos paladines de la pureza técnica en 2003? En aquel entonces, el PRI y el PAN se encerraron en un cuartito para repartirse el IFE como si fuera un pastel de cumpleaños, dejando fuera a la izquierda porque “no les caía bien”. Aquello no fue un error, fue un diseño: el famoso “cuotas y cuates”. Ellos perfeccionaron el arte de poner a sus secretarios particulares, a sus amigos del club de golf y a sus asesores de cabecera en las sillas del árbitro electoral. En aquel entonces, si el perfil era de su bando, se le llamaba “ciudadano ejemplar”; hoy, si el perfil es del bando contrario, es un “operador político”. ¡Vaya coherencia!
La realidad es que su berrinche no es por la autonomía del INE, sino por la nostalgia de sus privilegios. Lo que les duele no es que se “partidice” el órgano —algo que ellos hicieron deporte nacional—, sino que ya no son sus partidos los que reparten las credenciales. Les molesta que la tómbola o la mayoría legislativa les arrebate ese derecho divino de decidir quién cuenta los votos. Así que, por favor, un poco de pudor político: si van a dar clases de democracia, primero tendrían que explicar por qué su versión de la “independencia” siempre incluía un carnet de militancia debajo del brazo. Ahora que no tienen el poder, el espejo les devuelve una imagen que no les gusta, pero no se confundan: no es una dictadura, es simplemente el resultado de las reglas que ellos mismos aceitaron durante años. ¡A llorar a otra parte!
