Por: Argonauta
Entre subsidios millonarios y fertilizantes un 25% más caros, el país sobrelleva la crisis energética global.
La realidad en las estaciones de servicio mexicanas es de una tensa calma sostenida por un esfuerzo fiscal masivo. Sin los estímulos al IEPS recientemente reforzados, el precio del diésel y la gasolina Premium ya habría superado los 34 o 35 pesos por litro; actualmente, el gobierno está absorbiendo hasta 5.97 pesos por litro de impuesto para mantener el diésel en un promedio de 28.30 pesos. Este “colchón” fiscal evita la parálisis del transporte de carga, aunque su carga fiscal a futuro puede afectar el margen de maniobra para otros proyectos públicos justo cuando la incertidumbre bélica en el Golfo Pérsico no muestra señales de tregua.
El golpe más silencioso, pero quizás el que representa mayor riesgo para las familias mexicanas, se cocina en el sector agropecuario. El bloqueo del estrecho ha disparado el precio de la urea y otros fertilizantes en un 25%, con la tonelada escalando de los 12,000 a más de 21,000 pesos. Dado que México importa el 75% de los fertilizantes que consume, el Consejo Nacional Agropecuario ya advierte que este incremento en los costos de producción se traducirá inevitablemente en un aumento en el precio de la tortilla, el pan y otros básicos. No se trata solo de un problema de logística energética, sino de una amenaza directa a la seguridad alimentaria nacional.
A diferencia de países como Tailandia o Pakistán, que ya han impuesto el teletrabajo obligatorio y el cierre temprano de comercios, México, como sucedió durante la crisis del Covid, apuesta al consumo interno a través de la intervención directa en los precios. Sin embargo, los analistas coinciden en que este modelo tiene fecha de caducidad si el barril de crudo se mantiene por encima de los 100 dólares. Dependemos aún de las importaciones de gasolinas y de las cadenas de suministro de insumos químicos fertilizantes que nos colocan en una posición frágil donde, de prolongarse los disturbios entre Irán, Israel y Estados Unidos, no obligarían a tomar medidas de ahorro de energía mucho más severas.
México se encuentra a tiempo para diversificar sus fuentes de suministro energético y fortalecer su producción interna de insumos críticos. La crisis de 2026 en Ormuz ha dejado claro que la soberanía no se garantiza solo con la exportación de crudo, sino con la capacidad de protegernos frente a crisis externas. Mientras el mundo observa el “efecto dominó” de los ataques en el Medio Oriente, la prioridad nacional debe ser transitar de la reacción fiscal a una estrategia de resiliencia que nos permita navegar un mercado global que, por ahora, se encuentra bajo fuego.
